Su primer
temor de Josefita
Manuela, sufría intensamente cuando Josefita
lloraba de hambre y se veía obligada a entregarla a Gregoria: la nodriza mil veces
recomendada por una tía de su esposo. Una extraña.
La enfermedad de la madre y la ausencia
constante del padre dieron rienda suelta a la desfachatez de la criada. Entraba
y salía de la casa como si fuera la dueña y señora, preparaba la comida que a
ella se le antojaba.
Manuela imaginaba que junto a la leche de la
mulata, entrarían inevitablemente, al cuerpo de su nena infecciones y vicios extraños.
Impaciente ante los berrinches continuos de la niña, la nodriza se vengaba
cantando con una serie de gestos horribles:
El coco, mamá,
me quiere comer,
El coco,
mamá, me quiere comer.
¡Cuidado que ahí
viene el coco,
se lleva a los
niños que duermen poco!

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