miércoles, 14 de enero de 2015

EL NACER DE UNA GRAN MUJER

Tres Golpes de Tacón el inicio

   Porque así lo manda la naturaleza humana, el primer lugar que habitó Josefa Ortiz fue el vientre de Manuela Téllez, espacio     líquido y confortable que la ayudo a crecer durante meses.




Las horas anteriores al parto, con dolores que aparecían y desaparecían como un mal augurio, Manuela había temido tanto por su vida y por la de la criatura, que ordenó  a la partera iluminar la habitación con los cincuenta cirios que, según sus creencias, le alejarían de las tinieblas de la muerte. Con absoluta veneración le ofreció un Ave María a la Virgen del Buen Parto.




   Al llegar la hora del alumbramiento sintió que se partía en dos y que sus huesos nunca volverían a acomodarse: temblo y retembló en sus centros la tierra y sintió que el vientre se le apretaba como un puño se cierra antes de dar un golpe. Al fin, a fuerza de gritos y espasmos, el rostro exhausto de Manuela se llenó de alegría.

“¡Es niña! ¡Una niña!”, anunció la partera.





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